E-diálogos: Sobre la libertad

José Luis Vicente

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles. Bertolt Brecht me viene a la cabeza siempre que pienso en él, en Richard quiero decir.

Sé que free es una palabra engañosa en inglés. Es libre y es gratuito. Libre se ha de ser siempre por voluntad, gratuito uno lo es por decisión. Imagino que Richard defiende la gratuidad cuando esta es posible y que respeta que exista el precio si éste es necesario. Lo que sí sé es que es libre. Libre por definición. Pocos como él pueden alardear de ser consecuentes con lo que piensan. Pocos los que toman las riendas de su vida y la llevan por el camino de la ética. Ética entendida como el camino de la buena vida. Buena entendida como conveniente. Menos son aún los que viven con alegría. Richard vive con la alegría de los que saben que su camino está basado en la consecuencia y por ende en la libertad. Alegría de vivir consecuentemente. Libertad de hacer lo que uno piensa.

Una definición clásica de la ética es aquella que la relaciona con el estudio del bien y del mal y de su relación con el comportamiento humano. Richard no suele usar la palabra mal sino algo más suave: malévolo. Malévolo es quien tiene mala intención. Juzgar intenciones es muy complicado. Él lo hace y cuando uno le lee o lo escucha tiende a pensar que casi siempre tiene razón. El privilegio de la libertad le da una visión más certera de las intenciones ajenas. No está atado a nada. No gana ni pierde por decir lo que piensa. No hay intereses ni precio. Hechos. Todo lo demás sobra.

Defender el software libre les parecerá a muchos algo marginal que a casi nadie afecta. Ir por el mundo hablando sin descanso en favor de un uso adecuado de la informática no se tiene por algo elevado ni digno de mención. No hace falta un quijote para eso. Ya tuvimos uno y murió perdido en su locura. Si además, quien hace tal cosa lleva un gnu de peluche en sus manos, abraza su ordenador como su más preciado bien, se descalza antes de hablar en público  y se coloca sobre la cabeza un antiguo disco duro a manera de aureola de nuevo santo laico, entonces, los necios creerán tener todo a su favor para despreciar las palabras que no entienden. Allá ellos. No pueden y no quieren ver más allá de sus narices.

Richard Stallman es un luchador por la libertad y a esa lucha decidió entregar su vida. Renunció voluntariamente a lo que casi nadie es capaz de renunciar: dinero, reconocimiento, fama, prestigio. No quiso pagar el precio que casi todo el mundo paga por conseguir estas cosas. No se vendió él ni nada vendió. Abandonó la comodidad por los principios. La estética por la ética y decidió seguir el camino recto. La linea recta no existe, no está ahí fuera. Sólo cada uno de nosotros la puede ir trazando con sus actos. Richard la lleva trazando con pulso firme más de treinta años.

Richard Stallman defiende la libertad desde su campo, ahí le tocó estar y a ello se dedica. La informática como instrumento para defender algo más grande e inmutable. Richard creó un sistema operativo que se enfrentó a monstruos sagrados. Malévolos embaucadores de incautas y desprevenidas víctimas. Abandonó el camino de la gloria repitiendo una y otra vez, no es ético, no es ético. Ese ha sido su mantra desde entonces.

Richard Stallman afirma que el conocimiento está hecho para compartirse. Nadie puede apropiarse de él ni impedir que sus semejantes puedan acceder a él. El conocimiento no es un monopolio y por tanto nadie debe poner barreras de entrada. No es ético. Lo increíble es que surjan dudas ante algo tan evidente.

Las principios defendidos por el software libre hablan de  libertad (libertad de ejecutar un programa como se desea, con cualquier propósito), estudio (estudiar cómo funciona el programa y cambiarlo para que haga lo que uno quiera) y compartición (redistribuir copias para ayudar al prójimo). Los principios del software libre se refieren a la libertad y al conocimiento, nos enfrentan al problema ético del bien y del mal y de su relación con el comportamiento humano. Nos sitúan ante la evidencia de la existencia de la comunidad, del otro como parte de nosotros.  De la ética. Negar lo evidente y lanzarse al lado oscuro es tentador pero no es ético.

¿A que no Richard?

Richard Stallman no es un quijote loco y solitario. Es uno de los hombres más cuerdos que conozco. Cuerdo y libre, cuerdo y alegre. Contento simplemente por abrazar un pequeño gnu de peluche. Feliz por poder aprovechar el tiempo. Alegre por abrir en cualquier momento su viejo ordenador y escribir en él lo que sale de su cabeza y de sus dedos.

Richard Stallman comparte lo que conoce. Puedes copiarlo, modificarlo y distribuirlo libremente. Puedes incluso cobrar por ello, si te apetece.

El que tenga oídos que oiga.


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